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14 de mayo de 2011

El Profeta (Khalil Gibrán) (vol. 2)

Bueno, esta es la segunda vez que os escribo sobre este libro. En la primera ocasión os conté lo que decía El Profeta sobre el amor; hoy os traigo el capítulo dedicado a la amistad:

Y un joven dijo: "Háblanos de la Amistad". Y él respondió, diciendo:
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
Es vuestro campo, que sembráis con amor y cosecháis con gratitud.
Y es vuestra mesa, y el fuego de vuestro hogar.
Porque acudís a él para saciar vuestra hambre y lo buscáis en procura de paz.
Cuando vuestro amigo revela su pensamiento, no teméis el "no" en vuestra propia mente, ni retenéis el "sí".
Y cuando él guarda silencio vuestro corazón no cesa de escuchar su corazón.
Porque en la amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las expectativas, nacen sin palabras y son compartidas con callado gozo.
Cuando os separáis de vuestro amigo, lo hacéis sin aflicción.
Porque lo que más amáis en él puede ser más diáfano aún en su ausencia, como para el alpinista la montaña aparece más despejada desde la llanura.
Y dejad que en la amistad no exista otro propósito que el de profundizar el espíritu.
Porque el amor que busca otra cosa que no sea la revelación de su propio misterio, no es amor sino una red tendida y solamente lo inútil es pecado.
Y procurad que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo.
Si debe conocer vuestra bajamar, dejadlo conocer también vuestra pleamar.
Porque ¿qué amigo es aquel que tuvierais que buscar para matar las horas?
Buscadlo con horas para vivir.
Porque es misión suya llenar vuestra necesidad, pero no vuestra vaciedad.
Y que en la dulzura de la amistad haya lugar para la risa y para los placeres compartidos.
Porque en el rocío de las pequeñas cosas el corazón encuentra su mañana y toma su frescura.



Quiero aprovechar esta entrada para darle las gracias a mis amigos. Pero a mis amigos DE VERDAD, no a los que me han traicionado o me han dado la espalda. A los amigos que me han llamado a casa, o me han mandado un correo o, simplemente, a aquellos que nunca me harían daño, que me ayudan a sacar la parte positiva de todo lo malo que me pasa últimamente. A todos aquellos que se lo han ganado. Y desde aquí os prometo que intentaré este verano hacer un tour para ir a visitaros :)

¡Hasta la próxima!

20 de enero de 2011

El Profeta (Khalil Gibrán)

El Profeta se publicó en 1923, y unos cuantos años después se lo regalaron a mi madre. Así fue como lo conocí, merodeando por casa un día nos encontramos. El Profeta es un libro completo, que nos habla de todas aquellas cosas, valores y principios que rodean nuestra vida cotidiana, y nos hace percibir cada uno de ellos como lo más maravilloso que hay en la vida. Nos habla tanto de cosas materiales (el vestir, las casas...) como de cosas inmateriales (el dar, la razón, la pasión...). Hoy os traigo el capítulo dedicado al amor. Seguramente os pondré más fragmentos en el futuro, porque ninguno tiene desperdicio, pero de momento os dejo con este:


   Entonces dijo Almitra: "Háblanos del Amor". 
   Y él alzó la cabeza, paseó su mirada por el pueblo; un silencio cayó sobre ellos, y con voz fuerte él dijo:
   Cuando el amor os haga señas, seguidlo; aunque sus caminos son duros y escarpados; y cuando os envuelva en sus alas, doblegaos a él, aunque la espada escondida entre sus plumas pueda heriros; y cuando os hable, creed en él, aunque su voz puede despedazar vuestros sueños como el viento del norte convierte al jardín en hojarasca. 
   Porque así como el amor os ciñe una corona, así también os clavará en la cruz. Así como es para vuestra maduración, así también lo será para vuestra poda.
   Así como asciende a vuestra cima y acaricia vuestras más tiernas ramas que tiemblan al sol, así descenderá a vuestras raíces y las sacudirá en su apego a la tierra.
   Como gavillas de maíz os junta en torno a lo suyo.
   Os desgrana hasta dejaros desnudos.
   Os tamiza hasta libraros de vuestros hollejos.
   Os muele hasta una impalpable blancura.
   Os restriega hasta convertiros en masa blanda y pegadiza; y luego os destina a su fuego sagrado, a fin de que podáis convertiros en el pan sagrado para el sagrado festín de Dios. Todas estas cosas os hará el amor a fin de que podáis conocer los secretos de vuestro corazón, y en ese conocimiento lleguéis a ser un fragmento del corazón de la vida.
   Pero, si en vuestro temor, solamente buscarais la paz del amor, entonces es mejor para vosotros que cubráis vuestra desnudez y salgáis de las trillas del amor, hacia el mundo intemporal, donde reiréis, pero no toda vuestra risa, y lloraréis, pero no todas vuestras lágrimas.
   El amor nada da sino a sí mismo, y nada toma sino de sí mismo.
   El amor no posee ni quiere ser poseído.
   Porque al amor le basta el amor.
   Cuando améis, no debéis decir: "Dios está en mi corazón", sino más bien: "Yo estoy en el corazón de Dios".
   Y no creáis que podéis dirigir el curso del amor; porque el amor, si os encuentra dignos, dirige vuestro curso.
   El amor no tiene otro deseo que realizarse a sí mismo.
   Pero si vosotros amáis, y no podéis menos que sentir deseos, dejad que tales deseos sean éstos.
   Fundirse y ser como un arroyo que corre y canta su melodía a la noche.
   Conocer el dolor de la excesiva ternura.
   Ser herido por vuestra propia comprensión del amor; y sangrar gozosa y alegremente.
   Despertar al alba con un corazón alado y dar gracias por otro día para amar.
   Descansar a la hora de mediodía y meditar sobre el éxtasis del amor.
   Retornar a vuestro hogar a la hora del atardecer con gratitud; y luego, dormir con una plegaria por el ser amado en vuestro corazón y una canción de alabanza sobre vuestros labios.


Espero que os haya gustado tanto o más que a mí. ¡Hasta la próxima!


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